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encuentros oscuros

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1 encuentros oscuros el Miér Jun 29, 2011 2:05 am

Invitado


Invitado
este es el preludio de una historia que estoy escribiendo y me gustaria compartirla con ustedes espero q les guste


Era una hermosa noche de luna, cielo despejado hasta donde alcanzaba la vista.

No sé porque salí, pasaba de media noche, yo simplemente desperté, intente volver a dormir pero no lo lograba. Un rato en la terraza parecía una buena idea.
Aquel viento fresco se me antojaba deliciosamente tentador. La casa tenía una terraza parcialmente techada de un lado y en el otro estaba cubierta por pérgolas, ideal para tomar el sol. La propiedad completa se hallaba rodeada por palmeras.

Me encaminé hacia las pérgolas buscando la cómoda hamaca. Imaginé pasar el resto de la noche recostada en la angarilla sintiendo la brisa atravesar mi piel y que mejor despertar que el indomable astro rey acariciando mi rostro con su calor.

Iba precisamente a recostarme cuando el sonido del mar cautivó mi atención. Alcé la vista deseando poder ver su inmensidad pero fue imposible.

Impulsada quien sabe porque fuerzas misteriosas abandoné las intenciones de recostarme para caminar en dirección opuesta, rumbo a la playa.

Un camino de madera marcaba la dirección hasta la costa, al límite de la propiedad , el cambio de superficie significó una pequeña molestia en mis pies descalzos. Pinchones por los trocitos de madera seca y demás restos orgánicos que se incrustaban en mi piel haciendo mi avance un poco lento.

Entre más me acercaba a la meta, percibía con mayor fuerza ese olor a mar y el sonido de las olas retumbando en la orilla.Un minuto después el terreno estaba completamente despejado. un hermoso cielo estrellado, una deslumbrante luna y un amplio trozo de litoral, que se perdía de vista en la distancia. la potencia de las olas me recordaba en cada estrépito, su poder inmenso y a la vez me seducia como canto de sirena.

Feliz, olvidándome de las preocupaciones internamente deseé fervientemente estar enamorada y tener a alguien con quien compartir la belleza de esa noche. Era casi un crimen desperdiciarla en una sola persona, deseaba detener el tiempo y quedarme ahí para siempre, lo que sea que signifique el paraíso sin dudas es algo igual de asombroso.

Decidida a disfrutar con ese cielo despejado, el mar, las olas, el viento, la fina arena, caminé buscando una formación rocosa que sobresalía de la playa y se adentraba ligeramente en el mar. No estaba lejos de casa, aproximadamente trescientos metros de distancia, el lugar era exclusivo, así que no resultaba peligroso, o al menos a mi no me lo pareció.

Escasamente a unos metros de alcanzar las rocas me di cuenta que una sombra irregularmente extraña se asomaba en la arena. La figura de alguien sentado y con las rodillas juntas apoyaba su cabeza en ellas mirando hacia el mar. Mi corazón dio un vuelco al descubrir que no estaba sola.

Por primera vez reaccioné y tuve miedo. Quise regresar sobre mis pasos antes de que la persona que por el volumen parecía ser un hombre se diera cuenta de mi presencia.

Precisamente conjurado por mis pensamientos el hombre giró su cabeza en mi dirección. Instantáneamente me quedé congelada. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

Como si pudiera impedirle verme, permanecí inmóvil unos segundos antes de reflexionar sobre lo estúpido de la situación, yo era lo único oscuro en esa playa bañada por la luna. Un enorme manchón en la blanca arena.

Decidí seguir adelante aparentando normalidad. Mi corazón en cambio no se sentía igual de seguro que mi cerebro. mi corazón golpeteaba en mi pecho acelerado de nerviosismo.

Con más confianza de la que en realidad sentía avancé hasta el desconocido quien por su parte me imitó, se puso de pie y precisamente se acercaba hasta mí.
Su rostro quedaba oculto en las sombras pese a la luminosa luna.

En cambio su cuerpo aparecía como una visión ante mis ojos. Alto, enorme a decir verdad, como mínimo 1.90 de estatura quizás más. Grande y fuerte. No tenía ni un solo gramo de grasa en ese cuerpo tallado en mármol. De grandes espaldas y brazos enormes sus contornos se marcaban en un delicioso claro oscuro. Firmes pectorales y un six pack de muerte.

Sólido como roca, su pecho desnudo avanzaba con imponente seguridad, unas bermudas blancas eran todo su atuendo, sin faja, colgaban a su aire como un guante en ese hermoso torso descubriendo unas moldeadas piernas. Recuerdo haber pensado que hermosas piernas tiene. Iba descalzo como yo.

Quizás sea desvergonzado de mi parte admitirlo pero me gustó el cuerpo de ese extraño. No sabía si era un posible asesino en serie, un ladrón, un violador o algún loco demente, francamente nada de eso cruzó mis pensamientos mientras en cambio la parte animal de mi cuerpo se admiró con el suyo.

Entre más avanzaba más insignificante me sentía.

yo al contrario de él era pequeña, 1.60 de estatura. Compacta, de ligeras curvas, más bien delgada, pero con cierta gracia.

A pocos centímetros de mi, el hombre se detuvo, a su lado yo parecía un gatito asustado, él un león, no sé porque vino a tema la comparación pero fue exactamente esa la impresión que me dio, un león hambriento y yo sin lugar a dudas era la cena. Busqué verle el rostro, pero no tuve éxito. La contraluz me ocultaba sus rasgos.

Tratando de aligerar el momento hice lo único que un ser razonablemente nervioso en esa situación podría hacer. Sonreí.

-hola- le saludé intentando ganar valor. Mi voz salió estrangulada.

El no me respondió y siguió observándome.

-¿te comieron la lengua los ratones?-pregunte un poco irritada por su laconismo.

-no- ¿no que?-insisti con acritud.
-no me comieron la lengua los ratones-repitió.

Su voz era grave y muy masculina, la voz de un hombre.

Esa oración fue suficiente para decidir que me gustaba su voz. Otro atributo que agregar al jodido arsenal.

Como si alguien con ese cuerpo necesitara ayuda extra para conquistar. Si su condenadamente atractivo cuerpo no te hacía temblar, esa voz seguramente sellaría el trato. Solo faltaría que la cara fuera la de un maldito dios.


Acercándose a mí, justo para quedar a mi lado derecho, se puso a mirar el cielo,con comodidad se sentó nuevamente en la arena y la luna baño su rostro. yo al estar de pie, pude apreciar lo que anteriormente no habia podido.

sus ojos estaban fijos en los mios. Como lo imaginé el hombre era hermoso. Imposiblemente bello como solo un ángel podría serlo, un ángel oscuro, de cinceladas facciones, peligroso y bello a la vez. Su rostro masculino, ahora estaba serio enfrentando mi mirada.

Emanaba poder pero no violencia, solo seguridad, de alguien que se sabe letal. Incluso se me figuraba altivo pero no arrogante. Abundantes cejas, rasgos perfectos. Pero yo me perdía en sus ojos claros, intentando adivinar su color. Algo profundo navegaba en ellos. De mis ojos, los suyos cambiaron de dirección y supe hacia donde los dirigía, justamente a mis labios.

De repente fue demasiado personal, demasiado cerca, tan íntimo.

Confundida mi única reacción era huir, alejarme de él lo más pronto posible. Revolviéndome confusa intentaba apartarme de su lado.

-a todas estas no me has dicho tu nombre ¿Cómo te llamas?-le pregunté buscando ser cortes.

-mi nombre es Ezekhiel.

-mucho gusto, mi nombre es Lhena. Extendí mi mano para estrechar la suya.

Sujetando mi mano se inclinó llevándosela a los labios. Para luego quedárseme mirando sin soltarme la mano, ahí estaba esa aparente súplica en sus ojos. Como si esperaran algo de mi ¿Qué cosa? No lo sabía.

-bueno fue un gusto conocerte pero debo irme. Adiós Ezekhiel.

-no te vayas por favor- por primera vez su voz no me sonó rígida ni controlada- quédate un poco más.

No sé porque lo hice. Una y otra vez mi cerebro me ordenaba marchar pero no podía simplemente no podía. Esa voz profunda sonaba herida, necesitada. Quizás estuviera solo y añorando compañía. Decidí que eso era algo que deseaba hacer por él. Un gesto de bondad.

Después de todo yo también sabía lo que era sentirse solo. Reí amargamente deseando que la soledad fuera el mayor de mis problemas. Con rápidas sacudidas exorcicé esos pensamientos negativos.

-claro- le dije poniendo mi mejor sonrisa- un rato mas entonces.

Me senté en la arena dispuesta a conversar. Ezekhiel se acercoó a donde yo estaba . Nuestros cuerpos necesariamente se rozaban ligeramente. Para mi desconcierto ese roce llamaba cosquillas a mi piel.

Callados observamos el ir y venir de las olas. Yo me sentía comunicativa deseando hablar, pero como mi compañero parecía ser un chico de pocas palabras, lo dejé ser. Disfrutando del momento, más pendiente, del ir y venir de nuestro propio cuerpo que del oleaje comencé a relajarme.

Su brazo se extendió pasándose por mis hombros. Confiadamente me recosté contra él. La sensación de intimidad era tan cómoda, se estaba tan bien apoyada en Ezekhiel que casi me quedé dormida. Devuelta a la realidad intenté separarme de su cuerpo espantada.

-no te alejes- me dijo y esta vez su voz estaba ronca

-lo siento yo… yo debo irme.

Hice el intento de levantarme pero fue inútil. En una fracción de segundo lo tenía sobre mí, su cuerpo enorme cubriéndome a plenitud, mientras sus manos sujetaban las mías manteniéndolas apoyadas en la arena por encima de mi cabeza. Todo mi ser entró en pánico.

-¡suéltame!- le grité

-Oh… Dios... Perdóname- fue lo único que alcanzó a decir. Quise replicarle pero no hubo tiempo.

Sus labios se abalanzaron sobre los míos hambrientos. Cerré mis ojos esperando la llegada del brutal ataque. En cambio sentí un ligero roce de mariposas sobre mi boca. Con la ternura de un niño fue besando mis labios, acariciándolos con los suyos, delineándolos con su lengua y luego ligeramente presionándolos para luego apartarse.

Quise nuevamente hablar, protestar, pero otra vez su boca descendía sobre la mía, con movimientos pausados, abriéndose paso delicadamente con la lengua, invitándome a seguirle el paso. Una idea que se me cruzaba por la mente pero que rehusaba a considerar.

Me besó largo y tendido. Sin prisas como si tuviera todo el tiempo del mundo, sus manos soltaron el agarre y en cambio recorrían mi cuerpo, explorándolo, yo a mi vez con las manos libres intenté alejarlo de mí, recuerdo haberlo golpeado, ¡Nada! Mis golpes eran como plumas sobre acero. Todo su cuerpo sobre el mío reteniéndome sin esfuerzo con su peso.

Le guiñé el pelo a ver si el dolor le detenía. No movió ni un centímetro. Enterré mis uñas en su espalda y solo conseguí sacar un ronroneo de satisfacción parecido al de un felino complacido. Furiosa le seguí el juego a sus besos moviéndome en sintonía para luego morderle fuertemente el labio inferior. Ni eso lo detuvo. Contra mis pronósticos incrementó el fuego de su pasión.

Ferozmente tomó de mis labios lo que quiso. Aquel fue un beso salvaje. Con cada embestida era como si tratara de absorber mi cuerpo, mi mente, mi alma entera de ser posible.

Tan increíble como parecía, inmensa resulto mi sorpresa al sentir como mi cuerpo respondía. ¡¡¡Justamente cuando debería ser lo opuesto!!!

Mis manos comenzaron a moverse sobre su espalda no para rasguñarle sino para acunarle, apretarlo junto a mí. Mi cabeza y labios se movían a compas igualmente feroces con un ansia de más, mientras el deseo se transformaba en algo palpable latente y necesitado de liberación.

Sus labios se apartaron de mí dejándome vacía, quería sentir su boca otra vez sobre mí. Enredando su mano en mi cabello me observaba y sonreía. Una sonrisa satisfecha. Susurró unas palabras que no entendí para después sonreír y encender esos ojos.

-¿Qué dijiste?- alcancé a preguntarle aturdida.

Eres hermosa, maravillosa, perfecta. Sus labios me susurraron esas palabras al oído provocándome un vuelco en el estómago. Sentí como sus labios rozaban mi oreja deliciosamente, su lengua delineaba los contornos de mi piel haciéndome estremecer, casi tan pasional como tenerlo sobre mi boca. Igual de poderoso. Cualquier pensamiento racional escapaba de mi cerebro totalmente concentrándome en sus caricias. Sentí sus dientes mordisqueando el lóbulo de mi oreja mientras suaves temblores cruzaban por mi entrepierna.

Quise decirle que se detuviera, vi las palabras formarse en mi mente, abrí los labios, ninguna frase coherente salió de ellos. Ninguna negativa. Al contrario ligeros jadeos escaparon alentándole a continuar. Mi cuerpo entero se contorsionaba bajo el suyo, buscando su contacto, necesitándolo con urgencia.

Sentí como su boca iba bajando por mi cuello trazando un húmedo camino alternando labios y lengua. Llegaba a mi clavícula provocando un cosquilleo por la novedad de la caricia, tanta suavidad casi criminal llenándome de deseos.

Ardientes en anticipación, mis pechos vibraban buscando atención.

Tomándose su tiempo él no parecía darse por enterado. Con absoluto control bajaba despacio por el centro de mi escote. La fina camisola de tirantes ofrecía poca resistencia a su invasión. Su mano acunaba mi pecho izquierdo apretándolo suavemente, con la otra tiraba del escote de mi camiseta liberando mis pechos cuyos pezones de tanta excitación estaban contraídos y duros quemándose de deseo.

Su boca descendió sobre el pecho izquierdo besándome los bordes firmes de mi carne hasta finalizar en la dolorida punta, con su lengua lamiéndola, dibujando la forma de la aureola para luego dejar caer sus carnosos labios que en contraste primero besaban y luego succionan de él con fruición. La sensación era tan maravillosa que enviaba cosquillas al centro de mi abdomen para luego descender en una línea perpendicular hasta el mismo eje de mi placer que ahora palpitaba dolorido.

Alternando su atención en mis dos pechos las sensaciones se maximizaban hasta volverme absolutamente líquida, a flor de piel, preparada para recibirlo dentro, necesitando recibirlo.

Continuando con su paciente exploración que a mí más me parecía una divina tortura por las necesidades y pensamientos pecaminosos que se entrecruzaban por mi cerebro, incrementando, como si hubiera necesidad de ello, mi deseo hasta cruzar mis propios límites.

Descendiendo por mí pecho izquierdo continuaba su recorrido por el costado allanando el camino con su lengua muy despacio, deteniéndose justo a la altura del ombligo. De ahí retornando al centro de mi cuerpo separaba los labios y besaba mi ombligo con la misma intensidad que si besara mi boca, pude sentir su lengua ondulándose alrededor. Dejé escapar un gemido cuando sentí su lengua descender aun mas por mi vientre.

La lujuria me quemaba con solo pensar en lo que se venía a continuación. Oh Dios, la promesa de placer infinito a escasos centímetros de distancia llevándome al límite mientras de mi interior escapaba mi esencia como una invitación lasciva para que entrara en mi, con total desvergüenza como lo haría cualquier mujer fácil, sin ningún sentimiento, sólo por el crudo y llano sexo.

Asustada de mí propia liviandad me enfrenté a la censura de mi consciencia, hallándome culpable, sintiéndome sucia por ceder a la tentación como cualquier hembra en celo.


-¡NOOOO!!!!- grité con todas mis fuerzas abrumada por la sensación de rechazo y el placer esfumado. Todo en un flash.


Mi amante se detuvo y logré incorporarme intentando recomponerme. Del deseo ahora sólo quedaba este vacío que se mezclaba con decepción y tristeza. Hizo un intento por abrazarme pero yo le aparté con un movimiento brusco. Enfadada más conmigo misma que con él le enfrenté , solo para sentirme desolada.

En su rostro se dibujaba una tristeza tan absoluta que me hizo desear llorar en ese mismo instante. El respiraba agitadamente y aun por sus ojos vagaba el febril deseo que nos consumió a ambos hacia pocos minutos.

-lo siento- le dije- yo… yo… simplemente no puedo. Me partió el alma decirle esto. Sentí como si rompiese algo mágico. Sin protestar se acercó a mí y me besó ligeramente los labios. Se levantó y caminó rumbo al mar, deteniéndose justo cuando el agua le llegó a la cintura.

Mi corazón estaba oprimido. Y entonces recordé mi propia situación, mis preocupaciones y lo efímera que es la vida. Un instante estas aquí y al siguiente ya no. Así de simple. Podría morir mañana y solo me llevaría mis memorias conmigo.

Después de tanto orden y control en mi vida, porque no permitirme una locura una única vez, porque no dejar de pensar y actuar. Muchas mujeres lo hacían y no marcaba una jodida diferencia, seguían siendo ellas mismas.

Estaba ahí y ahora con el hombre más bello que había visto en mi vida y que además de ser hermoso era un excelente amante, oh sí, no tengo dudas de ello, si eso hizo con su boca no quería ni pensar que podía hacer con lo demás. Y por si fuera poco estaba interesado en mí.

Realmente se conectaba conmigo. Me complacía, disfrutaba del acto como debía ser, como una mujer soñaba que la amasen. Estaba en un paraíso con un ángel, solos, a la luz de la luna en la noche más perfecta de mi vida.

Armándome de coraje, decidí tomar las riendas de mi destino. Como primer acto de gobierno fui tras lo que mi cuerpo deseaba. Llegué hasta él con cierta dificultad pues yo era pequeña y el agua me iba cubriendo de a poco, pero confiada en él, me daba la espalda, me detuve a su lado y le tomé la mano. Me miró pero mis ojos aunque ahora se habían acostumbrado a la oscuridad todavía no distinguían lo suficiente. Pero yo sabía que el también sentía lo mismo que yo. Una especie de armonía se extendió sobre nosotros y supe que todo estaría bien. No hubo palabras. No las necesitábamos. Ambos sin saber cómo ni porque le dijimos al otro con ese silencio lo que deseábamos saber.

Me arrastró mucho más profundo y yo empecé a flotar. Cariñosamente me trajo contra sí y yo me apoyé en sus hombros. No tenía idea si su cuerpo tocaba el fondo o si nadaba. No me importaba en lo absoluto yo me sentía segura a su lado. La orilla se divisaba a lo lejos como una franja distante. Nadábamos meciéndonos al compás de las olas.

Sus manos me sujetaban por la cintura, recuerdo haber entrelazado mis pies alrededor de su torso. No pareció molestarle. Sus dientes resplandecieron en una sonrisa cuando lo hice. Yo también sonreí feliz de hacerlo feliz. Sin pensármelo dos veces ladeé mi cabeza y lo besé. No fue un beso apremiante pero si profundo, pausado pero intenso. Un beso de amantes.

Sus manos, me recorrieron la espalda, descendiendo hasta mis caderas para luego acunar mi trasero y apretarlo. Se sentía tan bien. Por mi parte yo le recorría el cabello alborotándoselo al tiempo que mantenía unidas nuestras bocas.

-re..gre..se..mos a la orilla- le dije recuperando el aliento. Sin cuestionar el simplemente me sostuvo con una de sus manos y con la otra se impulso de regreso.

Como si no pudiera esperar mi cuerpo bullía de excitación volviéndome más atrevida. Mis labios mordisqueaban su cuello y su oreja, quería hacerle lo mismo que él me había hecho. Que sintiera lo que yo sentí.

Cuando estábamos lo suficientemente cerca me solté de él y caminé por mi misma guiándolo calculando quedar donde las olas morían en una ligera caricia sobre la arena. Donde me pareció propicio me detuve.

-aquí- le dije- quiero hacer el amor aquí. Sus ojos llameaban de deseo y yo sabía que no era lo único. Una presión en sus pantalones ahora tan ajustados a él como una segunda piel dejaban al descubierto su erección y el hecho de que no traía nada mas debajo.

Involuntariamente lamí mis labios.

- desnúdate- le ordené como si yo supiera lo que estaba haciendo- y cuando lo hagas quiero que te acerques y me desnudes a mí.

No se hizo de rogar. Con total naturalidad desabrochó su bragueta y deslizó los bermudas por sus fuertes piernas, las arrojó a un lado y se quedo en traje de Adán. Era tan hermoso así desnudo. Tuve que contener un suspiro. Sin vacilación se acerco a mí, su enorme erección se erguía amenazadoramente cerca. Por un momento tuve miedo ante la posibilidad de tenerlo dentro.

Con delicadeza desabotonó mi short para deslizarlo por entre mis piernas al tiempo que bajaba mis bragas. Hizo una pausa y apretó mi trasero. Por un momento temblé solo de pensar en su boca tocando mi centro, podía sentir la caliente respiración justo ahí, oh si, estaba muy mojada y no era de agua de mar. Luego fue subiéndome la blusa hasta liberarme por completo. Mis pechos saltaron complacidos libres de su prisión.

Se arrodilló y yo hice lo mismo. Nos besamos con suma calidez. Nuestras bocas estaban saladas por el agua de mar. Me tendió en la arena húmeda abrigándome con su cuerpo. Mientras me besaba podía sentir cuando las olas tocaban nuestros cuerpos invadiéndonos en suaves caricias que hacían mucho más intensas las sensaciones.

Todo él me embargaba, lo podía sentir en todas partes. Sus manos descendieron a mi monte de Venus, bajando aún más. Fue toda una revelación sentir su tacto, explorándome con movimientos circulares justo en lo más sensible. Yo me sentía al borde del éxtasis.

-oh sí, estas lista amor- apenas pude entender que me decía. Yo simplemente estaba perdida en mi placer.

Separando más mis piernas con sus muslos su dura longitud rozaba mi entrepierna de un modo que me volvía loca. No podía esperar más. Tenía que tenerlo. Bajando mis manos hasta su trasero apreté sus nalgas con ansiedad.

-ahora- le susurré.

Obediente tomó su miembro y lo presiono justo en la entrada. Aun con toda mi humedad su invasión dolió. Fue un doloroso placer. Mi cuerpo se apretaba sobre él como un guante, yo sentía como si estuviese abriéndome como un capullo, floreciendo para él. Le besé y lo mordí esta vez con lujuria. Estimulado por mis besos me penetró con fuerza. Ambos gritamos al mismo tiempo. Yo por tenerle completo dentro de mí y él por la presión que mi cuerpo ejercía sobre el suyo. Luego se quedo inmóvil, besándome, permitiéndole a mi piel distenderse y acostumbrarse a su dureza. Pasado un momento comenzó a moverse, deslizándose dentro y fuera con suavidad.

No estaba precisamente libre de dolor, pero la sensación de placer era tan grande que parecía un precio justo. A los pocos minutos yo exploté. El siguió montándome elevándome a las nubes otra vez y otra vez más. Perdí toda conexión con la realidad y sencillamente volé. Nunca me sentí tan libre.

Cuando volví a la realidad él todavía estaba dentro pero no se movía. Me acunaba con sus brazos sin poner todo su peso en mí. Sus ojos emanaban absoluta adoración.

-¿Qué pasa?- sonreí- ¿por qué me miras así? Le pregunté.

-me gustó eso que hiciste- me contestó- ¿Qué cosa?-pregunté perdida-- la forma en que gritaste mi nombre cuando alcanzaste la cima. Me encantó.

-¿yo hice eso?- no lo podía creer- si- sonrió él.

No recordaba haber dicho su nombre mientras volaba, pero bueno tampoco es como si recordara mucho en realidad. Solo la sensación de placer permanecía fresca en mi memoria. Eso y el tener los dedos engarrotados por clavar mis uñas en su espalda en el frenesí de la pasión. Me gustaron sus palabras, se lo demostré ampliamente alzándome un poco para besarle.

Motivado por mis incentivos besos siguió moviéndose dentro de mí, hasta que pude percibir como perdía el control. Empujando más y más fuerte, yo me sentía otra vez en la cima. Sentí sus contracciones y temblores golpeando mi interior, el efecto fue tan erótico que yo estallé en comunión con su orgasmo. Ya no era él ni era yo éramos ambos, uno solo, una sola alma, un sólo cuerpo. Mágico. Inolvidable. Durante un segundo no me atreví a respirar temiendo arruinar el momento. Poco a poco fuimos volviendo a la realidad.

El se dio vuelta recostándose sobre su espalda trayéndome contra si depositándome sobre su pecho. No sé cuánto tiempo permanecimos así, desnudos sobre la arena. Fui yo la primera en recobrar el sentido de la realidad.

-debo irme- le dije mientras me incorporaba buscando mis ropas empapadas y sucias.

No hubo protestas, despreocupadamente buscó sus pantaloncillos y se los puso. Pasada la lujuria del momento yo me sentía un poco extraña. No encontraba que decir. Ambos éramos dos desconocidos que se rindieron al deseo. Apenas sabíamos nuestros nombres.

Sin razón alguna me tomó en sus brazos y me levantó. Me besaba y me estrechaba tiernamente. Yo experimente la confusión de no saber cómo reaccionar. Tampoco quería arruinar el momento. Había sido maravilloso y estaba agradecida de haberlo vivido.

-debo regresar- le dije interrumpiendo la sesión de besos. Me soltó y tomó mi mano.

-no es necesario que me acompañes, la casa no está lejos puedo ir sola.

-yo quiero ir contigo- me dijo sonriente con esa encantadora voz.

- está bien- accedí.

Caminamos en silencio por la playa. Es extraño pero con él no me molestaba no decir nada. No había tensión ni vacios que llenar. Todo estaba muy pacífico. Se sentía correcto.

Cuando divisé el camino de madera me detuve.

-hemos llegado- le dije- gracias. Me sonrió y avanzó dispuesto a seguir hasta el final.

-Ezekhiel- le detuve colocando mi mano en su musculoso pecho- desde aquí voy sola. Mis amigos deben estar despiertos y no me gustaría dar explicaciones de quién eres o de dónde venimos.

-está bien- asintió- no deseo causarte problemas con tus amigos. Pero deseo verte mañana. ¿Puedo?

-por supuesto. Ven al atardecer. Podremos caminar por la playa ver el ocaso y después cenar ¿Qué dices? Yo cocino. Sus ojos brillaron de satisfacción

-maravilloso, aquí estaré al atardecer. Dulces sueños ángel.

Esas fueron sus últimas palabras, me besó en los labios con dulzura y luego se marchó. Le seguí con la vista durante unos minutos antes de entrar en la propiedad y seguir mi camino.

¡Cielo santo! ¡Qué noche!

Me recosté en la hamaca incapaz de volver al cuarto a dormir. Mi cuerpo entero estaba dolorido por la acción nocturna. mi piel era una evidencia de la hoguera que me había incendiado. Sin embargo en la soledad, un sabor agridulce jugaba en mis labios.

Con la primera mentira saliendo de mi boca, la culpa golpeó implacable. Pero la segunda punzó en mi pecho literalmente. No había nadie en la casa. Sí, estaba con una amiga, pero ella había salido a una fiesta y no regresaría hasta mañana por la mañana. Oh hombre, me sentí fatal por mentirle. ¿Qué puedo decir? No deseaba invitarlo a la casa. Eso sólo lo hacía más real. Más terrenal. Hasta ahora fingí actuar con naturalidad como si nada, pero esta era la vida real y en ella no existe esa persona que tuvo sexo en la playa con un extraño.

Ni siquiera le dije mi verdadero nombre. Asustada de que fuese algún asesino o un acosador automáticamente mi cerebro se protegió. No pensé que llegaríamos a intimar como lo hicimos. Otra mentira a la lista. La menor de todas. A lo mejor tampoco era su nombre.

Quizás fuese mejor así. Esa mujer que se portó ardiente y dispuesta no fui yo, fue Lhena un ser capaz de todo. Aventurera, decidida, apasionada. Sin ataduras ni problemas espontanea viviendo el amor libre sin ataduras ni promesas. La clase de mujer sensual capaz de despertar oscuras pasiones. Si, será lindo recordarme como una mujer nueva, una mujer completamente diferente viviendo a plenitud. Siguiendo sus impulsos. Realizando sus sueños. Lhena. Así le gustaría ser recordada. Era lo mejor.

Cuando el descubriera la mentira y que lo había plantado, se llevaría una gran decepción, pero a Lhena no le importaría eso porque era absoluta e independiente. Una mujer que dejaba huella. Si alguna vez el llegase a fantasear seria con Lhena y su sensualidad. Oh si, Demonios, así se merecía ser recordada.

El único remordimiento es no haber sido absolutamente sincera o cortar las cosas de raíz, alentarlo solo para ganar tiempo no me hizo sentir orgullosa.

Para colmo de males, él quería verme de nuevo. Debí sentirme halagada, en cambio solo pensaba en terminar lo antes posible. Deseé fervientemente que se fuera. No es que sintiera remordimientos, o que no deseara su cuerpo. No lamentaba nada de lo pasado y ciertamente su cuerpo es algo que podría acostumbrarme a tener.

Incluso ahora pensamientos eróticos sobre nosotros en la cama me asaltan sensuales.

Pero yo no tengo tiempo. Mañana partiremos de regreso a casa. Las vacaciones se terminan y un mundo completamente diferente a este paraíso me espera allá afuera. Adiós la fantasía. Hola realidad. Las lágrimas se acumulan en mis ojos. Debo luchar para no derrumbarme.

Me siento muy culpable por haberle mentido. El vendrá mañana y no me encontrará. Sé que debí decirle la verdad pero no tuve valor. Quiero recordarlo como lo que fue. Algo místico y maravilloso. Quiero pensar en él como un ángel misterioso que llegó para salvarme, así cuando la tristeza me embargue pensaré en él y me reconfortará su recuerdo.

Precisamente para mantenerlo en mis pensamientos escribo todas estas líneas a modo de diario. Nunca tuve uno, ni de pequeña. Yo solo quiero guardar cada detalle mientras estén frescos en mi memoria. No espero que nadie más lo vea, lo entienda, ni lo deseo tampoco. Esto es solo una confesión de una mujer solitaria, que ha probado la intensidad de la pasión.

Quiero guardarlo en papel para así saber que no lo soñé, que todo ha sido real, mucho más real que la mayor parte de mi vida. Todavía lo pienso y no me lo creo. Solo lo siento. El está ahí afuera y mi corazón vibra agradecido por el hermoso regalo que me ha dado.

Mañana será mi despedida de este paraíso. Abandonaré quizás para siempre este pedazo de cielo, pero antes de partir susurraré su nombre y lo dejaré volar al viento, libre, como vino, como se entregó, como se fue. El viento se llevará su nombre como una plegaria: Ezekhiel…

2 Re: encuentros oscuros el Lun Jul 09, 2012 5:06 pm

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3 Re: encuentros oscuros el Lun Jul 09, 2012 5:06 pm

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